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Óscar Cano. Autor del libro "El juego de posición del F. C. Barcelona. Concepto y entrenamiento".

SEMINARIO EN TORREJÓN DE ARDOZ (Madrid)

Antonio Ruiz

El próximo 17 de Diciembre en la localidad madrileña de Torrejon de Ardoz se realizará un Seminario de futbol con Oscar Cano y Juanma Lillo con el título:

" EL ENTRENADOR Y SU REALIDAD CONTEXTUAL".

El precio será de 22 euros y para inscribirse se tendrá que realizar un ingreso en el siguiente número de cuenta de LA CAIXA indicando vuestro NOMBRE Y DNI:
2100 1976 99 0200044427
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Ademas nos gustaría, para llevar un control de las plazas, que rellenarais el siguiente formulario:
Plazas limitadas.

SPARTAK DE MOSCÚ – F. C. BARCELONA: JUGADORES JUGANDO A SER JUGADORES.

Oscar Cano Moreno

“El arte inventa o imagina para alcanzar una verdad que estaba a punto de perderse” (Andrés Neuman).

Este partido ha mostrado un juego de cadencia impulsadora que ha logrado que todos sean necesarios y nadie imprescindible. Hoy no ha sido el Barça de alguien, sino el de todos.

Plagado de altruistas, esos egoístas del beneficio ajeno, como los nombra Jorge Wagensberg, se han ido beneficiando entre sí agraciando los contextos generales en cada contacto con aquello que hay que hacer rodar.

Los de Tito, con una alineación de muchos adjuntos al poseedor del balón y pocos inquietos penetradores, han conseguido que no se atente contra el fluir natural del equipo. Este tipo de fútbol es magnífico puesto que excede del pensamiento de los que tratamos de explicarlo.

Han respetado la naturaleza del juego al dar valor a lo que se forma de manera espontánea. Si a estos les dejas ser, acaban mostrando todo lo que pueden ser, y dejarles ser es concederles el poder jugar juntos, sin mucho más.

Si se comienza a jugar desde Piqué todo adquiere el tono preciso. La pelota sale tan bien desde el fondo que difícilmente vuelve pronto sobre esos lugares desde los que partió y mucho menos con ventaja para los atacantes moscovitas.

Con él hasta Mascherano parece encontrar a los cercanos en las circunstancias en que estos pueden ofertar la progresión sin limitaciones.

Acercando a Xavi a los dominios de Busquets, y con Iniesta, Cesc y Messi ubicados a la siguiente altura pero sin disciplina geográfica, los laterales llegan por donde deben, cuando deben y para lo que deben, colonizando así con rigor las cercanías del área ajena.

Me gusta que el de Tarrasa se emplace ahí para jugar. Soy de los que piensa que a este tipo de jugadores no hay que buscarlos. Son ellos los que tienen que agarrar el esférico y proponer la búsqueda de aquellos socios que mantengan purificado el devenir de la pelota.

El brasileño Alves y Jordi Alba participan en el proceso de construcción de situaciones de ataque con facilidad debido a la calidad de los compañeros que les circundan. Se preocupan por la confección de la jugada y no únicamente con la finalización de la misma.

Llegando juntos a los espacios determinantes, todos pueden convertirse indistintamente en pensantes pasadores y en dinámicos profundizadores. Nada se torna pronosticable, no existen especialistas, las interacciones multiplican sus posibilidades. Así, los de Emery nunca supieron dónde, cómo y quiénes originaban las cosas importantes.

De este modo, Leo Messi es decisivo en el pase y definitivo en la penetración; Iniesta colabora con los que se responsabilizan de intercambiarse la pelota para que aparezcan espacios en otros sectores, y puede, a su vez, introducirse por los accesos al gol.

Los protagonistas en las fijaciones exteriores se alternan para empobrecer las opciones de la oposición porque por dentro también todos ellos saben qué se debe hacer con el balón.

Es el paradigma de una organización sin contradicciones internas que engendra un orden sumido en esa excelente uniformidad heterogénea.

Uniforme puesto que muchos de los alineados sienten las mismas cosas jugando, y diversa puesto que el talento libre de cada cual acaba por proponer actividad diferente a cada instante. Y todo sin descoser el juego en esas dichosas e inexistentes sub-fases.

¿Dónde ha jugado hoy cada cual? El lugar de intervención no se puede definir. Lo que es evidente es que han jugado, y muy bien, a este deporte.

Lo siento de veras por aquellos que hablan de “presiones zonales altas, medias o bajas” y “cuadrados mágicos” como elementos explicativos de un juego que depende precisamente de los que saltan al campo ataviados del sentido que deja sin sentido a los simplistas teorizadores de lo que no se deja conocer. Y es que ya lo decía Goethe: “Nada hay más terrible que la ignorancia activa”.

SEMINARIO EN MÁLAGA

Oscar Cano Moreno

ZLATAN IBRAHIMOVIC: EL NUREYEV DEL FÚTBOL.

Oscar Cano Moreno

El grupo musical Mecano dedicaba a fínales de los ochenta una canción a Eugenio Salvador Dalí. Su contenido lamentaba que se apagara el destello vital de semejante creador.

En un pasaje de la letra se decía que “andamos justos de genios”.

En el fútbol también escasean los jugadores que muestran esa bendita deslealtad hacia las reglas que coaccionan el talento. Hacen falta desobedientes.

Necesitamos futbolistas que eleven hacia su verdadero estatus a lo inexplicable.

Uno de los que se mantienen en esa condición de disensión frente a lo regularizado, que abandona todo deber que oprima lo fascinante, es el sueco Ibrahimovic.

Es una mente despierta y autónoma que misteriosamente percibe el todo desde ubicaciones donde hipotéticamente se dificultan las perspectivas globales.

Le da la espalda al portero contrario para investir a sus compañeros como estupendos goleadores, transfigurando los contextos ordinarios mediante esa sutileza salvaje que subyuga a la oposición directa y cercana.

Pisa la pelota con la arrogancia del que sabe que ese trozo de cuero se presta siempre a la ambigüedad que marcan los recursos ocultos de quienes conocen su variable rodar.

Enmascara la verdadera intencionalidad de sus propósitos intelectuales hasta iluminar, con su imponente virtuosismo, los acontecimientos venideros en el momento en que los rivales no esperan lo inesperado. Una finta suya puede tumbar a varios de esos competidores a los que hechiza en la credibilidad de la mentira.

Salvaguarda el esférico, con esa altanería incontrolable, deteniéndose súbitamente cuando todos confían en la aceleración para arrancar nuevamente toda vez que parece no ser factible dicha maniobra.

Su fútbol es una intensa negociación con lo insondable. Vulgariza cualquier artimaña defensiva con la fuerza extraordinaria de su expresión corporal, repleta de posturas originales.

Satisface su narcisismo con bellos gestos, cercanos al mundo de la danza, que se acercan al universo de lo improbable en la acción motriz.

Juega en el aire con la misma soltura que lo hace sobre la hierba.

Remata o pasa sostenido en el firmamento, utilizando cualquier superficie de su versátil figura.

Su naturaleza pasadora alberga una dimensión goleadora patentada en la expresividad de lo infrecuente. Sus tantos no llevan el sello de lo universal, de lo ordinario, pues la rúbrica la pone alguien excepcional.

Todos recordaremos aquel gol de espuela ante Italia, sin pisar tierra firme, de espaldas a la línea de meta y sobre un espacio pobladísimo de contrincantes y amigos.

Es un placer indescriptible el divisar que quedan jugadores que atenúan la estafadora repercusión que adquiere el entrenador. Su presencia sobre el césped rebaja el prestigio ilegítimo de los que creen hacer jugar a los únicos que saben verdaderamente en que consiste esto del jugar.

JUAN CARLOS VALERÓN: LA ELOCUENCIA DE UN FÚTBOL SENCILLO.

Oscar Cano Moreno

Parece que juega elevado, de puntillas, pero únicamente es una actitud para impulsar el repertorio conductual del resto, para prestarles un poco de fútbol.

Sobre el césped es esa luz aural que escenifica la razón que va posibilitando toda interacción aparentemente inconcebible. Su contacto con la pelota acciona el contacto intimista entre los jugadores que conforman la organización de la que es parte.

El valor de su fútbol resulta confidencial para los suyos e incomprensible para los que se oponen al mismo. Es esa expresión personal, que no individualista, que esclarece que la pluralidad de condiciones puede armonizarse.

Si queremos aproximarnos a la verdad de este juego, a sospechar de qué está hecha su naturaleza, miremos a Valerón sin pretensiones jactanciosas de tasar lo que realiza.

Es el paradigma de aquellas capacidades que no se prestan a ser calculadas. Él siempre queda relacionado con lo intangible. Sus recursos no se pueden medir pues pertenecen al pensamiento indefinido, a la intención emancipada de preceptos ajenos a su propia intuición, a su particular modo de presagiar lo que está por acontecer.

Me comentan los cronometradores de lo intrascendente que su proceder no está adaptado a este fútbol modernista, que no es rápido ni resistente. Subestiman su agudeza porque sólo mostramos interés en concebir lo que menos valor tiene para así poder dar una explicación a lo inexplicable.

Yo pienso, sin embargo, que si siempre está en tiempo y forma sobre los lugares donde se requiere su presencia, ni antes ni despues; si hace que la pelota llegue a tiempo al sitio donde yacen sus colegas mejor ubicados, para que no pierdan el tiempo en pensar contra la interacción ventajosa, es que manifiesta la genuina rapidez.

Igualmente, considero que es el más resistente puesto que el halo que propalan sus decisiones se sostiene en el tiempo.

Precisamente, le queda fútbol porque no construyó su fútbol a través de la maximización de algunas cualidades atléticas. Él medita mientras juega, equipado de esa timidez que curiosamente sociabiliza el atrevimiento de los suyos.

Él entiende que, como diría Goethe, "pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar". Por eso pasa el tiempo de juego observando lo que se hace alrededor suyo y así esbozar las habilidades colectivas necesarias para desordenar con prudencia.

Es un ocurrente escapista que escruta con minuciosidad las opciones de pase probables, intimando con el balón hasta convertirlo en un elemento agrupador de pretensiones aparentemente diseminadas.

Concilia lo distante con esa su distinción esencialmente distinta a la de los demás.

Es un silencioso disconforme con la modernidad imperante, un nihilista balompédico, pues niega toda intención determinista del jugar.

Será eterno porque juega para la eternidad. Los que juegan para siempre son aquellos en los que se destaca esa disposición fundamental para jugar estimando, por encima de todo, la libertad de los suyos.

Es arte andante, pues se cansó mucho antes que el resto de correr hacia ninguna parte, que se siente jugador puesto que está siempre abierto a proyectar su imaginación en el firmamento de lo confuso. Su forma de hacer jugar es la viva metáfora de la vida aleatoria de un gran transmisor de desconcierto.

F. C. BARCELONA - REAL MADRID: RASGOS ESTABLES Y NOVEDADES EMERGENTES

Oscar Cano Moreno

Toda organización se manifiesta entre lo constante y lo variable. Los sistemas se reestructuran ante lo inédito a través de la autoorganización. Este proceso permite la evolución de la estructura, el avance cualitativo.

Hasta este ejercicio, el Barça crecía cualitativamente alargando las posesiones en campo enemigo.

El sello indeleble de Busquets, Xavi e Iniesta , jugadores que se sirven sirviendo, posibilitaba un fútbol redondo que se corporeizaba desde la pelota, diferente al juego de fragmentos institucionalizado en la mayoría de los clubes.

Este año todo parece rediseñado, repensado quizá para no introducirse en la previsibilidad. O eso, o la caja de los egos se ha abierto definitivamente. A saber.

Parece haber acabado esa gran oscilación cercana al área contraria que generaba pasillos de penetración en su justo momento. Ahora, superados los primeros acosadores, Messi agarra toda la responsabilidad e implementa ese juego donde todos huyen para hacerle determinante el pase. Así, ellos también se convierten en determinentes. Todos quieren favorecerse, pocos favorecer.

Alexis, Cesc y Pedro ven molinos (espacios por donde introducirse hacia la portería) donde suele haber gigantes (defensores que obstruyen cualquier abertura).

Por fuera, quienes se afilian desde posiciones atrasadas llegan también aportando una intención conclusiva. Alba y Alves se encuentran más cómodos en la fugacidad. El pase atrás, que curiosamente te acaba por hacer más profundo, cuenta con pocos receptores potenciales.

Las consecuencias no son otras que las de ofertar permanentemente a los contrincantes la posibilidad de contraataque.

Cuando no consigues el repliegue de casi todos los opositores multiplicas sus probabilidades de éxito en la siguiente transición.

La lógica organizadora parte de los jugadores y en la actualidad se observa un fútbol de fugitivos, donde huir del que lleva el esférico se legitima.

Se ha sustituido la búsqueda de la mejor opción por el patrocinio del envío definitivo sobre los primeros desmarques brindados.

Así, el dominio es transitorio y compartido. Igual eso acaba por hacer del Barça un conjunto insuperable.

Afortunadamente, en la incertidumbre, en la ausencia de control, los buenos encuentran respuestas creativas asiduamente.

Quizá la vuelta de Iniesta traiga consigo el acopio de pases inteligentes, materia prima de ese juego de posición que sirvió a Guardiola para engendrar un contexto de identificación con un ideal.

En el Real Madrid se atisba por momentos el proceso opuesto.

Como novedad emergente, siempre y cuando se junten Özil y Modric, ya se espera otra cosa de la circulación de balón y de jugadores.

Ya sabemos que el rendimiento de los de Mourinho se agranda en lo efímero. A menor tiempo de tenencia de la pelota, mayor eficacia.

Los más adelantados sienten claustrofobia, los lugares cerrados les suelen incomodar y por ello el objetivo del resto de los alineados se centra en no rellenarle los espacios pausando el juego.

Los blancos están en ese momento de reflexión sobre lo innovado para que lo incipiente no reste sobre las ya sobresalientes propiedades construidas.

Es un intento de mezclar efervescencia con placidez, buscar en el propósito agitador momentos de mayor autocontrol.

La labor de todo entrenador se resume en democratizar el juego. Todos cuantos pertenezcan a la red de relaciones deben encontrarse a sí mismos a partir de esa forma óptima de relacionarse.

La libertad, si no coopera por el bien común, es cuanto menos dudosa.

El significado que alcanzará el juego de unos y otros pertenece al futuro. No adelantemos conclusiones y así tropezaremos con la sorpresa, esa diva situada hábilmente situada en el camino del aprendizaje.

ISCO: EL MODERNO JUGADOR ANTIGUO

Oscar Cano Moreno

En este putrefacto proceso que sufre el fútbol, y que consiste en legitimar todo cuanto se opone a la esencia del juego, todavía aparecen jugadores que generan resistencia a tan insufrible conspiración.

Cuando todo hacia presagiar que viviríamos los fines de semana midiendo el volumen de desplazamientos inconexos realizados por hercúleos futbolistas preparados en esos horribles "LAB", tan de moda en los clubes elitistas, aparecieron un puñado de artesanos balompédicos que conseguían que aquellos forzudos sudorosos llegaran siempre tarde al presunto lugar de recuperación de balón.

Iniesta, Xavi, Cazorla, Silva y Cesc, se armaron del valor que procede de la excelente utilización del balón para desarmar esas teorías pseudo-científicas que van camino de enriquecer a quienes precisamente menos saben de fútbol y que peor lo juegan.

Como quiera que ganar de esa tan rutilante forma molesta al negocio que unos cuantos tratan de instaurar en un contexto contrario a su conocimiento, andan los comerciantes de la farsa maquinando y orando para que alguno de sus químicos dioses elimine de la escena a todos estos subversivos que emplean bien la pelota.

Entre su maleza repleta de pesticidas aún brotan, para su completa desesperación, jugadores mayúsculos que devuelven el buen olor al casi fermentado globo futbolero.

Uno de ellos es el actual fundador del orden de un Málaga C. F. que crece alrededor de los pies de este joven con el que todos quieren jugar.

Se trata de Isco, un manipulador de contextos que ha transformado a todos cuantos le rodean.

Joaquín, que ha vuelto a sonreir, olvida las líneas exteriores porque ansía aproximarse a quien le respeta sus recursos, mientras Saviola reaparece como aquel adolescente a quien poder encontrar, una y otra vez, en el espacio que separa a los centrales adversarios.

Los de atrás son mejores porque tienen a quien localizar por delante, a la vez que los que acuden desde los costados aparecen, como por arte de magia, en el momento oportuno y sobre el lugar pertinente.

El malagueño hace uso de su facilidad para eliminar opositores siempre con el fin de procurar condiciones óptimas al destinatario de su envío.

Es fascinante observar a jugadores que rellenan el espacio de la indeterminación con ideas que ponen de su parte a la diosa incertidumbre.

En el campo se aleja de las jugadas que van bien encaminadas, para que sigan su natural trayecto, asomándose únicamente para levantarlas de posibles tropiezos.

Pasa con intención, tanto para alargar las interacciones como para tratar de menguarlas, es decir, elige con acierto eso de seguir o terminar.

Conduce y se gira para acabar de girarle el panorama a los que defienden. Altera distancias de relación, desatando elementos de la red contendiente o desarreglando líneas completas.

Es un maestro de la fijación, que aprecia a quienes juegan con él siempre que amontona a sus perseguidores sobre un mismo sector.

En un conjunto tan ácrata en campo contrario, las intervenciones de Isco confirman la aprobación del caos como forma preferente de orden.

Afirmaba Francisco Torres Martínez que "en el cometido del arquitecto está el dar forma a la ocupación del espacio". De eso consta el fútbol del de Benalmádena, de otorgar un formato formidable a la estructura y funcionamiento de los suyos.

ÖZIL, MODRIC Y EL RESULTADO DE LA COMPLEMENTARIEDAD.

Oscar Cano Moreno

"Puede jugar de seis, ocho o diez", manifestaba Mourinho para explicar las virtudes de Luka Modric. Simultáneamente, la prensa señalaba la baja forma y el estado de apatía de Özil como una de las claves del bajo rendimiento del Real Madrid en liga.

Es triste testificar, año tras año, como nadie busca la descripción de lo acontecido en el juego. Tópicos manidos empañan la posibilidad de reflexionar dirigiendo la mirada hacia las relaciones dadas.

Uno de los grandes déficit que nos deja la cultura recibida es hablar de dónde jugar cuando quizá lo más recomendable sea encontrar también con quiénes hacerlo.

El debate está construido para postularse en la elección de uno u otro. Todo conspira para que decidamos entre el alemán y el croata.

Y yo me pregunto, ¿porqué no juntos?

Observamos como históricamente se recela del que sabe jugar mientras la realidad muestra que no se suelen proponer contextos donde poder hacer determinantes a este tipo de jugadores.

Me hacen jugar con mis antónimos - pensaran ambos - y encima me declaran culpable del desastre.

Si en la configuración de relaciones de los blancos pudiesen coincidir el uno con el otro, posiblemente se arreglaría esa escasa funcionalidad para desordenar a rivales que no conceden espacios.

Así, de paso, desdeñaríamos el discurso de la falta de motivación y profesionalidad de los que juegan.

Con ellos, los de Mourinho serían un conjunto no siempre al amparo del histerismo, capaz de almacenar los pases exactos para evitar esa concentración desordenada sustentada en el descontrol.

Cuando el balón no te fusiona desde el inicio, acabas amontonado.

No se trata de anclarse en un estilo que se muestre ampuloso en el pase, algo que desnaturalizaría a determinados jugadores, pero sí desbravar algo el juego para excitarlo en las circunstancias precisas.

Esa agitación ordenada saciaría el apetito de todos los integrantes de la red, y no únicamente el de los más adelantados, permitiría a los de atrás alistarse al ataque, con lo que Marcelo sería más y los lanzadores de media distancia se encontrarían con ese valioso recurso cuando el contrario se hunde por iniciativa propia o derivado de una competente circulación de pelota.

Xabi Alonso se desprendería momentáneamente del catalejo porque no todo ocurriría a lo lejos y su equipo continuaría con su aplastante discurso.

Y hasta Silva, Cazorla o Borja Valero serían útiles en su patria.

Igual, de este modo, nadie sería imprescindible, aunque no se si esto comercialmente interesa.

R. C. DEPORTIVO DE LA CORUÑA: LA CONVICCIÓN ELOGIABLE

Oscar Cano Moreno

Por más que un entrenador se obstine, son los jugadores y la riqueza que muestran sus posibilidades al coordinarse los que definen la propuesta de juego.

Con ello, y como elementos pensantes que deciden las alineaciones, en todos nosotros existe esa inclinación a que el equipo se asemeje a aquello que imaginamos pudiera ser.

Es admirable contar en este campeonato de primera división a clubes modestos que codician ganar suscitando emoción.

Oltra ha sabido reconocer cuáles son las características indelebles de los que conviven con él. El valenciano conduce a los suyos dejándose conducir por las cualidades de los mismos.

En este equipo se percibe perfectamente la mezcla de conceptos construidos desde la exposición de una idea elogiable depurada en las conductas de varios de sus jugadores.

Entre lo instaurado, destaca el permanente adelantamiento de la última línea defensiva buscando proximidad máxima entre todos los constituyentes del sistema.

Comportarse así tiene como principal propósito el impedir a los contrincantes ciclos de abundante posesión.

Sin embargo, ante cualquier mínimo desajuste, este hecho te hace vulnerable porque, ante unas circunstancias concretas de pérdida, puede permitir al rival el espacio abierto sin otro oponente que el tiempo disponible para finalizar y Aranzubia.

Jugar tan lejos de la propia portería es siempre un estímulo propicio para aquellos equipos que viven de las carreras sobre los espacios deshabitados.

Getafe y Valencia aprovecharon perfectamente las oportunidades concedidas por este tipo de conductas grupales.

Cuando disfrutan del balón, tratan de delinear un fútbol de pase corto, con epicentro en Abel Aguilar y Juan Carlos Valerón. El colombiano los intenta reunir a todos con pases cadenciosos, mientras el canario lo ordena todo para hacer del terreno de juego un lugar de actividad convergente.

Si la pelota pasa pasa varias veces por ellos, se ataca bien y se defiende mejor.

Dos portugueses acaparan la totalidad del juego exterior. Bruno Gama juega de fuera hacia dentro. Representa el desafío del extremo incisivo que trata de aprovechar su espontáneo desenfreno para propagar estados de desequilibrio.

Pizzi, también agudo cuando la situación lo requiere, es consciente de que se debe jugar alternando ritmos.

Camuñas aporta raciones de adherencia a lo tramado por Aguilar y Valerón, y dosis de conjuntada anarquía cuando son los futbolistas del país vecino los que canalizan las interacciones.

Por delante de todos ellos, Riki se balancea tratando de acoplar sus movimientos a la singularidad de lo eleborado hasta esa altura del terreno de juego. El paso del tiempo le ha calmado y colmado de buenas intenciones.

Nelson Oliveira emerge manifestando esa extraordinaria facilidad para desenvolverse de frente a sus compañeros y a la espalda de los que se enfrentan a él.

COMUNICADO CICLO DE CONFERENCIAS

Antonio Ruiz

Informamos a todas aquellas instituciones como clubes, federaciones, asociaciones, o particulares, que deseen contratar y pertenecer al ciclo de conferencias "EL JUGADOR COMO CONSTRUCTOR DEL MÉTODO. ENTRENANDO EL JUEGO DE POSICIÓN DEL F. C. BARCELONA DESDE EDADES TEMPRANAS" pueden preguntar sobre las condiciones al siguiente e-mail: agfsport@gmail.com.

Les ofreceremos detalladamente toda la información sobre los objetivos y los contenidos de las mismas.

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