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Óscar Cano. Autor del libro "El juego de posición del F. C. Barcelona. Concepto y entrenamiento".

F. C. BARCELONA - REAL MADRID: RASGOS ESTABLES Y NOVEDADES EMERGENTES

Oscar Cano Moreno

Toda organización se manifiesta entre lo constante y lo variable. Los sistemas se reestructuran ante lo inédito a través de la autoorganización. Este proceso permite la evolución de la estructura, el avance cualitativo.

Hasta este ejercicio, el Barça crecía cualitativamente alargando las posesiones en campo enemigo.

El sello indeleble de Busquets, Xavi e Iniesta , jugadores que se sirven sirviendo, posibilitaba un fútbol redondo que se corporeizaba desde la pelota, diferente al juego de fragmentos institucionalizado en la mayoría de los clubes.

Este año todo parece rediseñado, repensado quizá para no introducirse en la previsibilidad. O eso, o la caja de los egos se ha abierto definitivamente. A saber.

Parece haber acabado esa gran oscilación cercana al área contraria que generaba pasillos de penetración en su justo momento. Ahora, superados los primeros acosadores, Messi agarra toda la responsabilidad e implementa ese juego donde todos huyen para hacerle determinante el pase. Así, ellos también se convierten en determinentes. Todos quieren favorecerse, pocos favorecer.

Alexis, Cesc y Pedro ven molinos (espacios por donde introducirse hacia la portería) donde suele haber gigantes (defensores que obstruyen cualquier abertura).

Por fuera, quienes se afilian desde posiciones atrasadas llegan también aportando una intención conclusiva. Alba y Alves se encuentran más cómodos en la fugacidad. El pase atrás, que curiosamente te acaba por hacer más profundo, cuenta con pocos receptores potenciales.

Las consecuencias no son otras que las de ofertar permanentemente a los contrincantes la posibilidad de contraataque.

Cuando no consigues el repliegue de casi todos los opositores multiplicas sus probabilidades de éxito en la siguiente transición.

La lógica organizadora parte de los jugadores y en la actualidad se observa un fútbol de fugitivos, donde huir del que lleva el esférico se legitima.

Se ha sustituido la búsqueda de la mejor opción por el patrocinio del envío definitivo sobre los primeros desmarques brindados.

Así, el dominio es transitorio y compartido. Igual eso acaba por hacer del Barça un conjunto insuperable.

Afortunadamente, en la incertidumbre, en la ausencia de control, los buenos encuentran respuestas creativas asiduamente.

Quizá la vuelta de Iniesta traiga consigo el acopio de pases inteligentes, materia prima de ese juego de posición que sirvió a Guardiola para engendrar un contexto de identificación con un ideal.

En el Real Madrid se atisba por momentos el proceso opuesto.

Como novedad emergente, siempre y cuando se junten Özil y Modric, ya se espera otra cosa de la circulación de balón y de jugadores.

Ya sabemos que el rendimiento de los de Mourinho se agranda en lo efímero. A menor tiempo de tenencia de la pelota, mayor eficacia.

Los más adelantados sienten claustrofobia, los lugares cerrados les suelen incomodar y por ello el objetivo del resto de los alineados se centra en no rellenarle los espacios pausando el juego.

Los blancos están en ese momento de reflexión sobre lo innovado para que lo incipiente no reste sobre las ya sobresalientes propiedades construidas.

Es un intento de mezclar efervescencia con placidez, buscar en el propósito agitador momentos de mayor autocontrol.

La labor de todo entrenador se resume en democratizar el juego. Todos cuantos pertenezcan a la red de relaciones deben encontrarse a sí mismos a partir de esa forma óptima de relacionarse.

La libertad, si no coopera por el bien común, es cuanto menos dudosa.

El significado que alcanzará el juego de unos y otros pertenece al futuro. No adelantemos conclusiones y así tropezaremos con la sorpresa, esa diva situada hábilmente situada en el camino del aprendizaje.

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