Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
Óscar Cano. Autor del libro "El juego de posición del F. C. Barcelona. Concepto y entrenamiento".

JUAN CARLOS VALERÓN: LA ELOCUENCIA DE UN FÚTBOL SENCILLO.

Oscar Cano Moreno

Parece que juega elevado, de puntillas, pero únicamente es una actitud para impulsar el repertorio conductual del resto, para prestarles un poco de fútbol.

Sobre el césped es esa luz aural que escenifica la razón que va posibilitando toda interacción aparentemente inconcebible. Su contacto con la pelota acciona el contacto intimista entre los jugadores que conforman la organización de la que es parte.

El valor de su fútbol resulta confidencial para los suyos e incomprensible para los que se oponen al mismo. Es esa expresión personal, que no individualista, que esclarece que la pluralidad de condiciones puede armonizarse.

Si queremos aproximarnos a la verdad de este juego, a sospechar de qué está hecha su naturaleza, miremos a Valerón sin pretensiones jactanciosas de tasar lo que realiza.

Es el paradigma de aquellas capacidades que no se prestan a ser calculadas. Él siempre queda relacionado con lo intangible. Sus recursos no se pueden medir pues pertenecen al pensamiento indefinido, a la intención emancipada de preceptos ajenos a su propia intuición, a su particular modo de presagiar lo que está por acontecer.

Me comentan los cronometradores de lo intrascendente que su proceder no está adaptado a este fútbol modernista, que no es rápido ni resistente. Subestiman su agudeza porque sólo mostramos interés en concebir lo que menos valor tiene para así poder dar una explicación a lo inexplicable.

Yo pienso, sin embargo, que si siempre está en tiempo y forma sobre los lugares donde se requiere su presencia, ni antes ni despues; si hace que la pelota llegue a tiempo al sitio donde yacen sus colegas mejor ubicados, para que no pierdan el tiempo en pensar contra la interacción ventajosa, es que manifiesta la genuina rapidez.

Igualmente, considero que es el más resistente puesto que el halo que propalan sus decisiones se sostiene en el tiempo.

Precisamente, le queda fútbol porque no construyó su fútbol a través de la maximización de algunas cualidades atléticas. Él medita mientras juega, equipado de esa timidez que curiosamente sociabiliza el atrevimiento de los suyos.

Él entiende que, como diría Goethe, "pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar". Por eso pasa el tiempo de juego observando lo que se hace alrededor suyo y así esbozar las habilidades colectivas necesarias para desordenar con prudencia.

Es un ocurrente escapista que escruta con minuciosidad las opciones de pase probables, intimando con el balón hasta convertirlo en un elemento agrupador de pretensiones aparentemente diseminadas.

Concilia lo distante con esa su distinción esencialmente distinta a la de los demás.

Es un silencioso disconforme con la modernidad imperante, un nihilista balompédico, pues niega toda intención determinista del jugar.

Será eterno porque juega para la eternidad. Los que juegan para siempre son aquellos en los que se destaca esa disposición fundamental para jugar estimando, por encima de todo, la libertad de los suyos.

Es arte andante, pues se cansó mucho antes que el resto de correr hacia ninguna parte, que se siente jugador puesto que está siempre abierto a proyectar su imaginación en el firmamento de lo confuso. Su forma de hacer jugar es la viva metáfora de la vida aleatoria de un gran transmisor de desconcierto.

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Contáctame