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REFLEXIONES ESFÉRICAS

Óscar Cano. Autor del libro "El juego de posición del F. C. Barcelona. Concepto y entrenamiento".

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Real Madrid: Organizados por el vértigo.

Ver un encuentro del Real Madrid es asistir a una coreografía permanente de desplazamientos verticales y vertiginosos, una danza continuada de desmarques que buscan descoser una y otra vez el tejido defensivo impuesto por el rival. Resulta verdaderamente asombroso observar tanta coordinación en una actividad tan acelerada.  Es como una de esas majestuosas pruebas de relevos 4x100 donde los primeros portadores del testigo son Pepe, Ramos o Xabi Alonso, con un siguiente reemplazo formado por Di María u Özil, y como últimos corredores Cristiano Ronaldo, Higuaín o Karim Benzema. Casi nada. Muchos de los mejores futbolistas del mundo en plena rebelión contra la parsimonia.  A diferencia de dicha especialidad olímpica, es el balón, en sustitución de la pequeña barra cilíndrica, el que se entrega al compañero. Además, suelen transferirlo al lugar hacia donde corre el receptor.  Es un juego poco apaisado, de escasa perspectiva horizontal, enraizado en una máxima: la línea recta es el camino más corto, y más eficaz, hacia el gol.  Ante conjuntos recogidos, que yacen alineados próximos a su guardameta, que no conceden dichas extensiones, los de arriba cambian el sentido habitual del desplazamiento, acercándose a los que llevan el balón para atraer a los defensores y así volver a generar sectores deshabitados detrás de la última línea de opositores.  La incorporación del croata Luka Modric seguramente resolverá los problemas derivados de la imposibilidad de manifestar transiciones desenfrenadas. Si coincide con Özil, Alonso, Marcelo y Benzema, la fisonomía merengue mutará hacia un estilo más tardío en su llegada al área pero igualmente convincente.  Cada aparición colectiva sobre su mitad de campo, lejos de representar un motivo de felicidad, se convierte en un riesgo importante ya que dos o tres de sus efectivos nunca retroceden. Al no completar el repliegue, Ronaldo y compañía se sitúan magníficamente para convertir en significativa cada recuperación de los defensores.  Las pocas debilidades mostradas tienen que ver con la aplicación en los marcajes a pelota parada. Los lobos se convierten en corderos cada vez que el esférico planea cerca de Casillas, la fiereza se languidece dando lugar a esa permisividad poco común en los equipos campeones.  José Mourinho ha ido perfilando un grupo a su imagen y semejanza, que cambia la posesión por la determinación, el sosiego que colectiviza en torno a la pelota por las invasiones individuales.  Puede parecer un método simplista, aunque dicha idea se desvanece al comprobar el talento de quienes dirigen este torbellino de vivacidad cualificada. Lo que en otros estadios daría lugar al abandono de los asientos, al bostezo popular, en el Bernabéu, por el nivel de los intérpretes, entretiene y causa admiración.

Ver un encuentro del Real Madrid es asistir a una coreografía permanente de desplazamientos verticales y vertiginosos, una danza continuada de desmarques que buscan descoser una y otra vez el tejido defensivo impuesto por el rival. Resulta verdaderamente asombroso observar tanta coordinación en una actividad tan acelerada. Es como una de esas majestuosas pruebas de relevos 4x100 donde los primeros portadores del testigo son Pepe, Ramos o Xabi Alonso, con un siguiente reemplazo formado por Di María u Özil, y como últimos corredores Cristiano Ronaldo, Higuaín o Karim Benzema. Casi nada. Muchos de los mejores futbolistas del mundo en plena rebelión contra la parsimonia. A diferencia de dicha especialidad olímpica, es el balón, en sustitución de la pequeña barra cilíndrica, el que se entrega al compañero. Además, suelen transferirlo al lugar hacia donde corre el receptor. Es un juego poco apaisado, de escasa perspectiva horizontal, enraizado en una máxima: la línea recta es el camino más corto, y más eficaz, hacia el gol. Ante conjuntos recogidos, que yacen alineados próximos a su guardameta, que no conceden dichas extensiones, los de arriba cambian el sentido habitual del desplazamiento, acercándose a los que llevan el balón para atraer a los defensores y así volver a generar sectores deshabitados detrás de la última línea de opositores. La incorporación del croata Luka Modric seguramente resolverá los problemas derivados de la imposibilidad de manifestar transiciones desenfrenadas. Si coincide con Özil, Alonso, Marcelo y Benzema, la fisonomía merengue mutará hacia un estilo más tardío en su llegada al área pero igualmente convincente. Cada aparición colectiva sobre su mitad de campo, lejos de representar un motivo de felicidad, se convierte en un riesgo importante ya que dos o tres de sus efectivos nunca retroceden. Al no completar el repliegue, Ronaldo y compañía se sitúan magníficamente para convertir en significativa cada recuperación de los defensores. Las pocas debilidades mostradas tienen que ver con la aplicación en los marcajes a pelota parada. Los lobos se convierten en corderos cada vez que el esférico planea cerca de Casillas, la fiereza se languidece dando lugar a esa permisividad poco común en los equipos campeones. José Mourinho ha ido perfilando un grupo a su imagen y semejanza, que cambia la posesión por la determinación, el sosiego que colectiviza en torno a la pelota por las invasiones individuales. Puede parecer un método simplista, aunque dicha idea se desvanece al comprobar el talento de quienes dirigen este torbellino de vivacidad cualificada. Lo que en otros estadios daría lugar al abandono de los asientos, al bostezo popular, en el Bernabéu, por el nivel de los intérpretes, entretiene y causa admiración.

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